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Beneficios del ejercicio en personas enfermas

Beneficios del ejercicio en personas enfermas

El aumento de los padecimientos como el infarto del corazón, diabetes mellitus,  hipertensión arterial, obesidad, los elevados niveles de colesterol y la osteoporosis  en nuestro país, y en todo el mundo, se asocian al estilo de vida de las personas, el cual lleva un cambio implícito en la alimentación y una disminución en la actividad física cotidiana. Se ha podido identificar que el sedentarismo es uno de los principales factores que influyen en su aparición o gravedad, pero el ejercicio siempre será de gran ayuda para el organismo.

¿Cómo nos ayuda el ejercicio si estamos enfermos?

La Actividad Física se vincula con la disminución de la glucemia hacia lo normal, mayor control en los niveles de presión arterial, mejora en la calcificación de los huesos; reacción que puede aprovecharse para constituir un mecanismo por el cual el ejercicio sistemático mejora el control a largo plazo de la enfermedad.

Otro beneficio del ejercicio es la disminución de los factores de riesgo cardiovascular, al mejorar el perfil de lípidos y disminuir la hipertensión. El ejercicio se vincula con la disminución de la concentración de triglicéridos y también restringe levemente el colesterol de lipoproteínas de baja densidad.

Se tiene menor concentración de insulina basal, descenso de la hipertensión leve a moderada, mayor pérdida de grasa, acondicionamiento cardiovascular, mayor fuerza y flexibilidad, en resumen mejor sensación de bienestar general.

¿Cómo empiezo un programa de ejercicios?

Antes de emprender el programa de ejercicio, todos los pacientes con algún padecimiento deben someterse a un interrogatorio y exploración física detallada, con particular atención en la búsqueda de complicaciones a largo plazo que pueden afectar la seguridad o tolerancia al esfuerzo.

Se recomienda que se haga una prueba de esfuerzo, todas las personas mayores de 35 años que intenten iniciar el programa de ejercicio moderado o vigoroso, pues esto ayuda a identificar cardiopatía isquémica no diagnosticada antes y respuestas anormales de la presión arterial al esfuerzo físico.

Si hay anomalías se seleccionarán ejercicios del tipo e intensidad suficientes para evitar un riesgo relevante de empeoramiento de las complicaciones en general.

Un plan de ejercicio debe consistir en actividad aeróbica de intensidad moderada, que pueda sostenerse durante 30 minutos y no cause aumento sostenido de la frecuencia cardiaca de 60 a 70 % de la máxima determinada en el paciente.

Cada sesión de ejercicio debe empezar con movimientos aeróbicos de baja intensidad, de calentamiento y distensión durante 5 a 10 minutos para evitar lesiones músculo esqueléticas, la fase del ejercicio moderado a intenso debe durar por lo menos 20 minutos. Durante la actividad física el paciente debe vigilar periódicamente su frecuencia cardiaca para cerciorarse de que esté dentro de los límites permisibles.

Por último, cada sesión debe concluir con una fase de enfriamiento de 5 a 10 minutos, para aminorar el riesgo de posteriores complicaciones cardiovasculares y músculo esqueléticas. Para ello se recomiendan actividades como caminar estirarse y hacer ejercicio rítmico lento.

Recuerda mantenerte siempre bien hidratado con el consumo de agua simple.

Con la actividad física nos sentimos bien y nos vemos bien, el ser activo es un estilo de vida beneficioso para la salud.

Capital Humano

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